Tristeza



Estoy triste, tremendamente triste.

Lloro por todo, por encima de mis posibilidades.
Esto no quiere decir que esté muy mal, que esto me impida sonreír, hacer cosas o continuar con mi vida.

Pero es una sensación, un sentimiento que se está alargando en el tiempo y adueñándose de algunas partes de mi vida.

Mi interés por las cosas es menor; es más, ahora mismo hay pocas cosas por las que me ilusione o tenga ganas de disfrutar.

Tampoco quiero pensar. Cuanto más lo hago, más me agobio.

Estoy triste.

No es incapacitante, ni lo será, porque buscaré ayuda para que así sea.

Pero aun así, y estando muy tranquila mientras escribo esto, no quiere decir que toda yo, en este momento de mi vida, no sea una persona que tiene una tristeza inmensa.

Lo cotidiano tampoco ayuda. Se hacen cuesta arriba cosas, se esquivan conscientemente otras, porque la vida sigue.

Estoy triste porque mi madre no está, porque no le veo sentido a su muerte, porque despedir a tu madre es una grandísima putada para la que no estamos preparados, porque el después es casi peor que el propio trance de la muerte, porque no se puede explicar con palabras la dualidad de tu cabeza y tu corazón en situaciones tan difíciles como esta.

No quiero aceptar que ha pasado, ahora mismo no. No me da la puta gana. Pero ha pasado y no puedo hacer nada, y lo sé, soy consciente; pero eso no significa que no me dé la gana aceptarlo.

Estoy triste.

Y no dejo de repasar una y otra vez nuestras últimas 48 horas juntas. No sé por qué, pero se repite a diario.

Estoy triste, y esto también pasará.

Estoy triste, mamá, y no te lo puedo contar.


Comentarios

Entradas populares