De forma física. Es increíble como la mente es capaz de recordar el roce de la piel, el aliento sobre el cuello, la espalda o las yemas de los dedos en los muslos y el pecho.
¡Algunas veces parecía tan real!
Cada vez menos.
Pasa a ser un recuerdo que te gustaría agarrar y que no pasara al olvido. Pero lo hace, poco a poco, quedándose en un sueño, un anhelo.
De pensamiento. La más tortuosa por qué aparecen en bucle todas aquellas palabras que significaron algo, conversaciones con recorrido que dejan a un lado todos aquellos recuerdos difíciles y duros, que harían del olvido algo rápido.
Pero la mente es caprichosa, y solo se permite repetir una y otra vez aquello que fue o pareció bueno.
Y pasa el tiempo y te sorprende un flash en tu cabeza que salta con algo que te conecta a esos recuerdos sin pedirlo.
Al principio duele, luego, gusta con nostalgia, más tarde estupefacción por aparecer sin permiso para terminar pasando a un olvido necesario donde se va colocando cada cosa en el sitio que le corresponde.
Para que no duela, para que esté ahí solo cuando quieras.
Y pasa a ser parte del pasado, lo que significa que es solo eso, algo que pasó.
No hay reproches, ni lecciones aprendidas, ni advertencias para el futuro, ni nada memorable.
Es solo algo más en tu vida pasada.
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